Entregan título de Doctor Honoris Causa de las Artes a Eusebio Leal Spengler

El Dr. Eusebio Leal y el Dr. Rolando Gonzélez Patricio, rector del ISA

El Dr. Eusebio Leal y el Dr. Rolando González Patricio, rector del ISA

Palabras de Eusebio Leal al recibir el título de Doctor Honoris Cause de las Artes otorgado por el Instituo Superior de Arte de Cuba.

 Querido Presidente Alarcón,

Querido y gran amigo, Ministro Rafael Bernal,

Magnífico Rector Dr. Patricio,

Dr. Navarro,

Querido Dr. Armando Hart,

Querido Roberto Fernández Retamar,

Querido Padre Carlos,

Querido Alfredo,

Querida Dra. Pogolotti,

Querido Roberto que me ha regalado hoy con esa obra tan hermosa,

Queridas y queridos todos.

 Primero les agradezco, cuando tales cosas comienzan a escucharse el fin no está lejos. Por eso, me anticipo y le obsequio, a quien sin duda alguna será la viuda, el ramo de flores y el mérito de recibir cotidianamente lo que regresa, de lo que no puedo negar, fue, es y será, por el tiempo que la providencia determine, una ardua batalla.

 Si fuese sincero, y quiero serlo, el acto de hoy me sirve como una suerte de bálsamo reparador, en medio de una de esas turbulencias que suelen ocurrir cuando estamos dedicados a algo concreto. A veces admiro, y no digo envidio porque detesto, como la más ruin de todas las palabras, esta última, sino que aprecio la obra pura de los poetas, intelectuales o profesores universitarios que me acompañan en las reuniones académicas. Por lo general, solo algunos son perturbados con menor intensidad por cuestiones administrativas. Creo que es la peor cruz que se le puede otorgar a un hombre que tiene que salir de lo ridículo a lo sublime con una velocidad increíble, a veces en un pequeño espacio de tiempo.

 Salir a dar una clase o a guiar una visita y tratar de convertir esa hora de recorrido, que fue y está con el comienzo de todas las cosas, un guía de otros, en un pequeño concierto de música de cámara, tocando los resortes de la persuasión, las emociones íntimas de los que vienen desde cualquier latitud o desde el corazón de La Habana, o de Cuba.

 Si alguna fortuna he podido tener, es poder disfrutar de esa palabra que en muchas oportunidades repite no ya un anciano y un compañero generacional, preñado de nostalgias y de recuerdos del ayer, sino niños que han comenzado a vivir: Gracias.

 Quizás sus padres le han indicado que agradezcan, ellos no saben a ciencia cierta el que. Por eso, mostrar el antes y el después, el proceso de la declinación o el derrumbe de muchas obras hermosas, no fue nunca para mi un obstáculo ya que tuve el don de la imaginación que creo que es el único que en el día de hoy reclamo para mi.

Eusebio Leal en su discurso de agradecimiento

Eusebio Leal en su discurso de agradecimiento

 Hace unas semanas o unos meses, para nuestro programa “Andar La Habana”, expliqué la emoción, al ingresar finalmente, en las ruinas del teatro que lleva el ilustre nombre de Martí. Un testigo recuerda que hace muchos años tuvimos en la mano la posibilidad de su restauración, pero una querella de campanario, una disputa bizantina, decidir si hacer “así o asao”, impidió que la obra pudiera realizarse . Pero cuando volví, muchos años después al escenario de aquel debate, me encontré que aún la ruina había avanzado más: Había abandonado ya la ruina el carácter romántico que lo decadente asume para volverse anuncio del fin de todas las cosas. Pero cuando subí al proscenio del teatro, frente a un foso relleno de basuras malolientes, cuando vi el techo abierto tras del cual se miraba el cielo, sentí de pronto una extraña noción y vi que se recogía la cortina y que el teatro aparecía ante mis ojos como una posibilidad real.

 Esa capacidad de soñar quizás es más importante y lo que se pone en riesgo, como cuando decía al comienzo, nos asalta lo pedestre, la violencia de lo necesario por encima de aquello a lo cual tenemos el legítimo derecho a aspirar, que es el triunfo de la justicia y de la belleza. Porque qué importante es también la belleza, como relación misteriosa entre el amador y el ser amado, siempre lo repito. Una belleza que es para cada cual una iluminación personal en sus profesiones, en sus vocaciones o en sus oficios.

 Ahora faltan unos pocos meses para que el teatro Martí concluya. Ahora puedo entrar y ver como se levanta poderosamente aquel espacio maravilloso, que ya quizás no volverá a ser calco del pasado, sino que podrá mostrar aspectos diferentes de la cultura cubana. Que podrá gozarse de un teatro que es, pero que nunca llegó a ser como es ahora. Un teatro donde lo confortable y lo seguro, va a sustituir el calor violento del clima que hacía siempre evocar sus cien puertas, por ejemplo, o la vecindad de un garito de una casa de juego que conocí, no hace muchos años, poco después del triunfo de la Revolución, que existía todavía hasta que los juegos fueron suprimidos.

 Ayer por la mañana, en medio de la lluvia, vi como descendía el escultor de la fachada donde ya el nombre glorioso de Martí estaba como con letras de oro escrito, y sobre esta inscripción que sustituyó a otra, dos ángeles que habían perdido el rostro, y habían perdido sus alas, ya las lucían con orgullo. Y recordé que en algún momento de nuestra vida, un ángel habla al oído derecho y otro al oído izquierdo, uno nos anuncia lo que debemos hacer y otro lo que pagaremos por ello. Decididamente he querido siempre escuchar al primero, y tuve que enfrentar, es verdad, Ud. lo ha dicho, incomprensiones, tuve que agotarme en largas batallas que hoy a nadie recomiendo. A mis colaboradores les pido siempre que no inicien jamás batallas innecesarias, que sean prácticos, que sean capaces de entender la necesidad de razonar, de perdonar y de prepararse para combatir, porque siempre es muy importante, al final, ser, como he llegado a ser, una paloma artillada.

Eusebio Leal recibe el pergamino que lo acredita como Dr, Honoris Causa en Arte del ISA

Eusebio Leal recibe el pergamino que lo acredita como Dr, Honoris Causa en Arte del ISA

Solo así puedo presentarme ante la facultad y ante el colegio para agradecer, desde nuestro humilde trabajo diario, al rector y al claustro por su generosidad. No voy a caer en el ridículo y en el lugar común de decir que no lo merezco, porque sería ofender la inteligencia y el honor de los que lo han otorgado, voy a decir sencillamente, aquellas palabras que me asombraron un día que escribía un ensayo que debía entregar al venerable Cintio Vitier sobre el Diario Perdido de Carlos Manuel de Céspedes, y visitando la egregia, tantas veces heroica y hermosa ciudad de Camaguey, en su cementerio encontré la losa sepulcral de los padres de Salvador Cisneros, marqués que fue de Santa Lucía y decía: “Mortal, ningún título os asombre, polvo y solo polvo cualquier hombre”.

 Y esta visión de la realidad me conforta en el día de hoy, cuando recuerdo las palabras que dí a un amigo en una entrevista que finalmente accedí a realizar para un programa de televisión, le decía yo a Amaury Pérez: “Lo asombroso es como el tiempo se fue, qué rápido se fue, de qué manera, de qué callada manera se fue el tiempo”. Será que tenía razón en sus versos memorables Jorge Manrique, cuando hablaba y se quejaba del paso de la vida, como se pasa callando, y es cierto, eso es lo más lamentable. Sin embargo el ansia de eternidad oculta en cada hombre, en cada individuo y la voluntad divina de colocar en la cuna un velo sobre los ojos, no ha dicho nunca a ninguno, mujer u hombre, cual será el día o cual será la hora, porque criatura inteligente, viviríamos penando toda la vida, esperando ese martes, ese miércoles, esas siete, esas doce, esa madrugada o el alba de la partida.

 Por tanto seguir luchando, como decía San Luis Gonzága cuando alguien le preguntó sobre una mesa de billar: “Oye Luis, que harías si fueses a morir mañana”, y respondió: “Seguiría jugando billar”. Continuemos el juego, luchando por algo más que la Habana Vieja, por algo más que las piedras, nuestra lucha más importante, y debo confesar que es la mía, a partir del momento que tuve razón de las causas y razones de la cultura misma, es Cuba. Alcanzar toda la justicia posible que en un período revolucionario fue posible para mi, cuando desencadenadas todas las fuerzas creadoras, hace mucho más de medio siglo, un joven sin casi letra alguna, se presentó a aquel lugar donde poco después conoció a un anciano enérgico, a un hombre que caminaba todos los días desde la calle Tejadillo hasta el Palacio de la Plaza de la Catedral del cual solamente ocupaba la planta baja. Aquel hombre de voz timbrada y temible, periodista asiduo a la prensa escrita, y a la radial, que apreció el valor de la palabra viva y de las conferencias, que convirtió en doctrina su pensamiento laico, su convicción de una escuela cubana para una Cuba libre, su temprana apreciación de que la historia fuera nunca un capítulo cerrado, sino que siempre más allá del documento, hallaríamos la prueba, hallaríamos el resultado de algo más, de algo más que un examen de laboratorio, lo que el hombre aspira, lo que todo ser humano aspira como suprema conquista posible de la inteligencia, la búsqueda de la verdad.

A ese maestro, acerado en el combate antimperialista, en la voluntad de enseñar la historia a su país, profundamente martiano, que rendía un culto a la escuela pedagógica cubana, representada en las insignes figuras de Enrique José Varona, José de la Luz y Caballero y más atrás en el tiempo, en el venerable Félix Varela, esos fundamentos, son en definitiva, la única explicación, de nuestra rabiosa lucha por conservar piedras, papeles, cuadros, objetos, para que en lo que a nos toca, no anden los que han de venir después como ciegos, sin tener un asidero. Que no tengan que venir los arqueólogos a buscar lo que fuimos, los filósofos a especular sobre que pensamos. Si tanto hemos luchado por la libertad, es justo que luchemos por la singularidad. Si tanto hemos luchado por alcanzar detalles de grandeza y de solidaridad, es importante mirarnos, sobre todo hoy, hacia dentro, para ver hacia donde vamos, a donde dirigimos nuestros pasos, cual es el sentido de nuestro compromiso, que debemos dar a Cuba como madre amantísima de todos nosotros. He ahí la clave de la cuestión.

 Si ha sido útil para algo, diré además que nada pude hacer solo. De un poeta, roto el desafío del papel en blanco y la esperanza de que descienda una de las musas celestes, o un pintor ante el lienzo

puede realizar la obra maravillosa. Pero alguien que aspire a la restauración de una ciudad, cuando ya no existe para propiciarlo Lorenzo el Magnífico, ni Julio II, ni alguno de aquellos que podían, con un solo gesto, determinar la construcción de lo que hoy sería una obra imposible. Se requiere la conjunción de la voluntad política, la conquista de los corazones, el apostolado perenne, el noble dictado de loco, que hace tanto tiempo acepté como una parte de mi persona.

Eusebio Leal saludo a su amigo el Padre Carlos Manuel de Céspedes

Eusebio Leal saludo a su amigo el Padre Carlos Manuel de Céspedes

Lilia Carpentier, me reveló una vez cuando yo la visitaba, y la visité el día antes de su muerte, me dijo: “Alejo una vez te vio pasar con una carretilla con una piedra, y le preguntó a alguien, quien era ese que iba con esa piedra y le dijeron, es uno que está reconstruyendo el Palacio aquel, etc. y dijo -Llegará lejos con ese carro-”. A esa profecía me acojo. ¡Qué largo ha sido el camino ¡Cuánto, cuánto ha pesado la piedra! ¡Cuán difícil ha sido mover el carro! Pero, ¡Ah querido Alejo!, tu que viste lo real maravilloso, tu que viste andar por las selvas de Haití a Ti Noel, tú que viviste ir en la Habana Vieja a los personajes del siglo, tu que viste el esplendor como lo vio Sequeira, de la piña colocada sobre lo alto de las copas griegas del Templete, creíste que lo maravilloso era posible.

 Dedico, de todo corazón, este y cualquier premio, a los que ya no están de mis colaboradores, a los alumnos del Colegio Universitario San Gerónimo, a los cientos de jóvenes de las escuelas taller, a los que me ha acompañando creyendo, y aún a los que han traicionado o me han abandonado. Todos ellos me ayudaron a creer que el camino siempre es difícil, pero como decía el griego o el latín “ad astra per aspera”, “a las estrellas por el camino de las asperezas”.

 Muchas gracias.

Otros enlaces de interés

 
Anuncios

Acerca de osadiaz

Director de Cubarte
Galería | Esta entrada fue publicada en Evento Cultural, Historia y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s